Es evidente que durante los últimos años el comercio electrónico o e-commerce ha experimentado un auge importante, pero no es menos cierto que su implantación todavía está lejos de ser total, sobre todo en lo referente a pequeñas y medianas empresas. Estas Pymes rehúyen muchas veces la versión 2.0 de su negocio, ya sea por menospreciar las ventajas de este tipo de comercio, o por desconocer la facilidad que ofrecen plataformas como PrestaShop para crear un tienda online.

 

«Eso no sirve para nada», «seguro que es muy caro», «pero yo no sé nada de informática», «no quiero pagar a alguien para que me haga una tienda online», «¿Qué es PrestaShop?»… son algunas de las disculpas que ponen estas PYMES para no contar con una tienda virtual. De hecho, es el propio consumidor quien avanza más rápido que las Pymes en materia de e-commerce.

 

Las cifras señalan que en España, más del 60% de los clientes ya esperan poder comprar el producto online. La concienciación de los clientes con este modo de comercio electrónico va más allá e incluso ya deja atrás los tradicionales miedos en cuestiones de seguridad y privacidad de datos. No en vano, más de la mitad de los consumidores estaría dispuesto a dar sus datos personales a la empresa (por ejemplo, por medio de redes sociales) o incluso permitiría que la tienda virtual realizase un seguimiento de su historial de búsqueda.

 

Otra cosa es la calidad del servicio. Es evidente que existen diferencias insalvables a día de hoy entre el comercio virtual y las tiendas físicas: posibilidad de probar el producto, inmediatez en la entrega… A pesar de las ventajas que ofrecen las tiendas online (comodidad, disponibilidad…) muchos clientes desearían un servicio más profesional y personalizado, en concreto casi 4 de cada 10 clientes consideran que el servicio de las tiendas online puede ser mejorado, sobre todo en lo referente a modos de envío y sistemas de devoluciones.

 

Los datos referentes a los comportamientos de los consumidores auguran un panorama ideal para el comercio online, ahora es turno de los pequeños y medianos comercios decidir si se suben al carro 2.0.