Una de las principales preocupaciones de los seres humanos es la seguridad. Estar seguros en nuestro hogar, nuestro trabajo y en nuestra vida cotidiana en general es, más que una aspiración, un derecho y una obligación a la que los humanos jamás hemos conseguido llegar. Al igual que nuestra libertad o nuestra identidad personal, la seguridad es algo que continuamente estamos expuestos a perder, ya sea por nuestra propia negligencia o por las ansias usurpadoras de los demás.

 

¿A qué viene esta perorata inicial? Bueno, no hay duda de que la sociedad y la tecnología avanzan a velocidad ultrasónica (dejémoslo en la tecnología solo) y que las personas estamos cada vez más expuestas, en internet sobre todo, a que nuestra intimidad, nuestro espacio personal, nuestra propia seguridad al fin y al cabo, se ponga en peligro por agentes externos.

 

Si hablamos de internet en concreto, la mayoría de las veces protegemos nuestros datos en la red con una simple contraseña. Un simple número, un pin, una sucesión de caracteres son muchas veces lo único que separa nuestra seguridad de una intromisión no deseada. Pero eso cambiará. Cambiará como todo en este mundo lo hace, y de hecho ya hay muchas empresas interesadas en nuevos métodos y sistemas de seguridad. Son las contraseñas del futuro.

 

¿Qué pensarían de unas pastillas que al tragarlas y mezclarse con nuestros jugos gástricos fuera capaces de emitir señales fuera de nuestro cuerpo y desbloquear los sistemas de seguridad de nuestro ordenador, nuestro móvil y nuestra caja fuerte? Pues eso existe y se llama la «píldora password«. Obviamente, es posible que no la veamos en el mercado nunca.

 

Contaminados como estamos por el cine seguro que se nos vienen a la mente esas imágenes de gente con implantes. En Hollywood no eres nadie si no llevas un implante cerebral, un chip en el cogote, un escáner en el ojo o el típico dispositivo con una lucecita en el dorso de la mano. Pues ojo, que Motorola ha tomado nota y, si bien aún no ha llegado al extremo de los implantes, ya ha decidido experimentar con un tatuaje que se adhiere a nuestro cuerpo y hace las funciones de código de barras. ¿Su función? Bueno, si quieren robarte el móvil van a tener que llevarse también tu brazo.

 

Y como decimos, puede que estos productos nunca salgan a la luz, pero el caso es que dejan claro en qué dirección se está experimentando. Eso sí, creo que aún queda tiempo para que vayamos por el mundo convertidos en chatarra como unos Tetsuo cualquiera, o para que tengamos que ir al WC porque las píldoras password nos han provocado diarrea.